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10-05-2012 | ENTRADA #5
Kazuya Zakai: un sendero abierto hacia el Oriente
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Kazuya Zakai, Octavio Paz, Ogata Kôrin, Damian Bayón, Jean M. Rivière, Gabriel Zaid, Aurelio Asiain


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ILUSTRACIÓN | Fuente: ITE. | Esta ilustración está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported

La primera vez que observé una pintura de Kazuya Zakai (Buenos Aires, 1927-Dallas, 2001) fue en la portada de una revista Plural, creo que la número 29. Me impresionó de inmediado la límpida geometría de sus espacios circulares y la fuerza de sus espectros cromáticos. No voy a negar que la admiración por su obra nació de mi vieja y mal correspondida pasión hacia el Oriente: es que en todo Zakai parece existir un estrecho vínculo con lo no-occidental (en concreto con lo japonés), que tal vez es resultado de su ascendencia nipona y, sobre todo, de sus años de formación en el Japón, en donde realizó estudios de literatura y filosofía.

El Kazuya Zakai que siempre me ha interesado es el pintor geometrista, el jefe de redacción y director artístico de la revista Plural, de la que era director Octavio Paz. De su obra pictórica la que más celebro es la inspirada en el trabajo del artista japones Ogata Kôrin (1658-1716), perteneciente a la escuela Rimpa (siglos XVI a XVIII) que se distingue por sus "diseños audaces, el respeto a la simplicidad de las formas, la asimetría compositiva y una técnica sorprendentemente elaborada, a la que debemos sus ricas texturas y el uso de colores brillantes", según palabras del propio Zakai. Estilo, el de Ogata, animado por "el trazado elegante y reiterado de curvas, círculos y líneas sinuosas que fluyen sin principio ni fin aparentes" (Ocho ejercicios para un homenaje a Ogata Kôrin, revista Plural número 50, noviembre de 1975, pp. 51-52).

En 1976 Damian Bayón imaginó cierto simil entre los cuadros de Zakai y "los jardines de arena del Japón" basándose en el delicado equilibrio entre orden, belleza y naturalidad imperantes en la sutil geografía sin centro de los lienzos (Kazuya Zakai: Los espacios recurrentes. Catálogo de la exposición Kazuya Zakai, ondulaciones cromáticas y simultáneas. Museo de Arte Moderno. Octubre/noviembre de 1976). Desde ese ángulo, parece apropiado denominar a la experiencia estética fruto de la contemplación de estos cuadros como wabi, término que expresa la tranquilidad, elegancia y severa simplicidad que ofrecen ciertos espacios como el jardín zen o la cámara del té japonés: "un conjunto de gran refinamiento, de distinción fría y aristocrática". (Jean M. Rivière, en José Luis Martínez. El mundo antiguo IV, China/Japón. SEP. México, 1984, pág. 372). En otras palabras, la estética wabi refleja "el gusto por lo simple, lo rústico, lo transitorio, lo inacabado" (Gabriel Zaid, Japón ida y vuelta, en Letras Libres, enero de 2009, pág.46).

La obra de Zakai establece un vínculo sensitivo con una música visual desconocida y todavía no asimilada en Occidente; una polifonía cromática de gran complejidad que tal vez encuentra un equivalente aproximado en las elegantes gráficas de ciertas ecuaciones iterativas que realizan algunos matemáticos occidentales (pienso en Mandelbrot). Después de recorrer con la mirada las autopistas crómaticas de Kazuya Zakai, queda la sensación de estar contemplando las ondas interconectadas que se propagan breves, como ecos en movimiento o nítidas vibraciones armónicas, sobre la superficie de un estanque fluorescente.

Pintura propicia para la meditación, los acrílicos de Kazuya Zakai son "estanques lunares" (retomo aquí la idea de Aurelio Asiain: "Podría decirse que todos los jardines de arena son estanques lunares", en Un mundo de rocío, revista Letras Libres, mayo 2011, pág. 17). Las figuras de los cuadros me sugieren la brillante música de los anillos de Saturno mirados a través del telescopio. Aquí los discos se agrupan, alargan o recortan caprichosamente, creando una inusitada configuración astral. En realidad, la originalidad de la composición obedece menos al azar que a la irregularidad cuidadosamente estudiada del bonsai o del adorno floral japonés.

La arquitectura de la casa de té, concebida como una "casa de la asimetría", ofrece otro símil compositivo válido para leer la obra de Zakai, "porque está consagrada al culto de lo Imperfecto: siempre queda algo inacabado para que la imaginación pueda completarlo a su gusto" (Jean M. Rivière, op. cit. pág. 366).

Kazuya Zakai construyó con su obra un sendero abierto hacia el Oriente, un paisaje sonoro que nos traslada, idealmente, a la esencia más profunda del Japón.¬



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