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28-10-2011 | ENTRADA #4
¿Me permite una autocrítica?
Etiquetas:

Gabriel Zaid, Antonio Alatorre, Jorge Tellez, Octavio Paz, Crítica, Autocrítica, Poesía, Conformismo


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ILUSTRACIÓN | Fuente: ITE. | Esta ilustración está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported

En México somos incapaces de decirnos amistosa, respetuosa o al menos inteligentemente, ciertas verdades. No tenemos práctica, no tenemos facilidad. Hacer, recibir o presenciar una crítica, la menor crítica, nos hace sentirnos mal. Nos hace entrar en crisis, y no en la crisis de un replanteamiento (que le daría sentido a la crítica) sino en la crisis de una explosión emocional.

Las palabras anteriores no son mías, sino del poeta y ensayista mexicano Gabriel Zaid (Cómo leer en bicicleta, Lecturas mexicanas, 1975, pág. 107). Las transcribo porque describen una vieja e incómoda realidad que asomó la cabeza el pasado 14 de octubre, en Casa de la Cultura de Tepeji del Río, durante la presentación de la antología poética Ecos del tiempo.

Cuando realicé una autocrítica de mi poesía y cite dos ensayos de Gabriel Zaid (¿Quién es usted? y Poemas fallidos) se produjo en varios de los presentes una explosión emocional.

Tal vez porque en México las personas somos, de una manera exagerada y absurda, hipersensibles a la crítica (nos rompemos en cóleras al menor contacto con ella), la intervención generó semejante revuelo. Máxime cuando se supone, erroneamente, que criticar significa “meterse con alguien”, lo que convierte cualquier crítica en un asunto personal, aunque no lo sea. Olvidamos que la crítica es “apreciación, valoración, juicio, entendimiento de alguna cosa” (Antonio Alatorre, Ensayos sobre crítica literaria, Lecturas mexicanas, 1993, pág. 42). Estamos tan poco acostumbrados a la crítica que todo lo que tenga relación con ella nos parece una afrenta, una transgresión, un insulto.

En el caso particular de los escritores, esta intolerancia demuestra poco entendimiento de su labor, porque “La creación y la crítica nacieron juntas y aunque una parezca la gemela perversa de la otra no hay nada más equivalente que ellas mismas” (El grafólego, blog de Jorge Tellez, 10/10/2011).

A veces olvidamos que debemos ayudar al autor a jerarquizar lo valioso de lo no tan valioso en su obra, no obligarlo a claudicar de su autocrítica (sobre todo si esta es pública) en beneficio de las apariencias, las instituciones y los festejos.

En ocasiones hace falta un poco de valor civil para contradecir al gremio. Más si pensamos que la maquinaria cultural jamás hará ruido para decir que se equivocó (Zaid). Por eso, propiciar la crítica y la autocrítica es importante. Ya lo decía Octavio Paz: “Un pueblo sin poesía es un pueblo sin alma, una nación sin crítica es una nación ciega”. El espíritu crítico, cuando es sincero, dicta ir a contracorriente, andar lejos de la ceguera del conformismo que los demás nos quieren imponer.¬



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