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28-12-2017 | ENTRADA #15
Una nueva poesía
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Octavio Paz, Christopher Domínguez Michael, Marie José Paz, Malva Flores, Adolfo Castañón, Benito Milla, Jorge Gaitán Durán, Emir Rodríguez Monegal, Ramón Xirau, Tomás Segovia, Roberto Fernández Retamar, Gerardo Deniz, Arnaldo Orfilia y Manuel García Pérez, Nikolái Trubetskói, Roman Jakobson y Claude Lévi-Strauss, Noam Chomsky, Umberto Eco, Masao Yamaguchi, José Luis Martínez, Carlos Fuentes, Mallarmé, Peirce, André Breton, Jung, Guillermo Sheridan, Tania Alba


Octavio Paz, Signos en rotación (Ensayos y cartas). El Colegio Nacional. México, 2017. 224 pp.


Verdadera manifestación de la memoria, el azar objetivo, el amor y la pasión intelectual, esta nueva edición de Los signos en Rotación se realizó bajo la dirección de Marie José Paz, con la colaboración de Malva Flores (Ciudad de México, 1961) y Adolfo Castañón (Ciudad de México, 1952).

La calidad de la publicación es notable, como casi todo lo impreso por El Colegio Nacional. Tal vez su mayor error es la desmesura: prefiere la acumulación a la selección profunda. Con todo, el libro cumple con su propósito: devolver a la conversación actual una obra central en el pensamiento de Octavio Paz (1914-1998).

El libro tiene como eje Los Signos en rotación (de 1965), pero reúne a su alrededor una colección de material adicional: una breve presentación, un ensayo del joven Paz ("Poesía de soledad y poesía de comunión" de 1943), doce cartas inéditas que el poeta dirigió a diferentes interlocutores (Roberto Fernández Retamar, Tomás Segovia, Gerardo Deniz, Manuel García Pérez, Arnaldo Orfilia) y un grupo de ensayos escritos por Benito Milla, Jorge Gaitán Durán, Emir Rodríguez Monegal, Ramón Xirau, Tomás Segovia, Malva Flores y Adolfo Castañón.

De entre los intérpretes de Los signos en rotación sobresale Emir Rodríguez Monegal. Su ensayo (“Relectura de El arco y la lira”) señala un punto vital: el importante giro en el pensamiento de Paz tras su diálogo con las obras de Nikolái Trubetskói, Roman Jakobson y Claude Lévi-Strauss. Es bien sabido que de los dos últimos Paz “absorbió con toda libertad (como lo hace un poeta, no un profesor) al estructuralismo de los años de oro” (Christopher Domínguez Michael, Octavio Paz en su siglo. Aguilar. México, pág. 273).

Desde entonces el interés de Octavio Paz por la semiótica (el estudio del signo) sería profundo y crítico. Por ello, en el verdadero Plural se publicarían, sin falta, algunos escritos de Jakobson, Noam Chomsky, Umberto Eco y Lévi-Strauss. Con los años, la misma pasión por el signo y la significación se manifestaría en la revista Vuelta (por ejemplo: el número 83 estaría consagrado a la memoria de Jakobson) y en otros libros de ensayos posteriores, como El Signo y el garabato (1973).

(Dicho sea de paso: Octavio Paz se inclinaría más hacia una visión pragmática del signo, es decir, aquella que le otorga un papel central al lector en la significación de lo escrito.)

No obstante, Paz guardaría siempre sus distancias del estructuralismo. A su vez, la admiración por Jakobson, aunque sincera, no sería ciega. Comentaría el poeta durante una conversación con Masao Yamaguchi (publicada en la revista Umi, marzo de 1978):

Jakobson fue para mí una gran ayuda porque sin él es difícil comprender cómo están hechos los poemas. Pero yo veo al poema como una unidad de experiencia, como una unidad de visión. Los poemas no son solamente estructuras sino formas de hablar y de ver y de decir algo acerca de este mundo o del otro mundo. El análisis estructural no dice nada acerca de eso.

Por otro lado, Adolfo Castañón (en “El arco y la lira: la otra poética del surrealismo”) piensa que Los signos en rotación es el ensayo-eslabón que une dos libros: El arco y la lira con Los hijos del limo (p. 192); es una revisión crítica del surrealismo y una nueva búsqueda de sentido. En suma, un reconocimiento que es un redireccionamiento.

Otro ensayo digno de mención: “Hacia y desde Los signos en rotación” de Malva Flores, donde se realiza una historia de la obra a partir de la constelación de cartas disponibles. Por ejemplo: como antecedente, Octavio Paz le escribiría desde la India a su amigo José Luis Martínez (7 de abril de 1965):

La editorial Sur publicará en estos meses [...] un ensayo: Los signos errantes [el título final sería Los signos en rotación]. En realidad es un nuevo (y largo) capítulo de El arco y la lira [...] Substituye al Epílogo (que nunca me gustó). El nuevo texto tiene unidad por sí mismo. No es un “manifiesto” sobre la poesía sino una declaración de principio –en singular y en el doble sentido de la palabra: mi idea de la poesía del medio siglo y y lo que pienso o creo acerca del principio de una nueva poesía –que tal vez no escribiremos nosotros sino los que vengan después...

No está de más decir que Octavio Paz sí lograría escribir una nueva poesía. En poco tiempo su búsqueda se condensaría en un poema-ritual: Blanco (escrito del 23 de julio al 25 de septiembre de 1966). En carta del 7 de noviembre de 1966, el poeta le hablaría a su amigo Carlos Fuentes del nuevo poema (p. 116):

[...] Tiene trescientas líneas y representa, para mí, algo que quería hacer desde el principio, algo que no realicé en Piedra de sol ni en otros poemas. [...]. Ahora me doy cuenta de que Los signos en rotación no fue sino un puente, la preparación para escribir este poema.

Al día siguiente (8 de noviembre de 1966), le escribiría al poeta Tomás Segovia en el mismo sentido (p. 117):

Terminé el poema y ahora, al releerlo, me doy cuenta de que podría llamarse Los signos en rotación. El texto contiene varias lecturas, varios significados y, quizá, un solo sentido: silencio. Tiene 300 líneas, no tiene aún título y lleva un epígrafe de Mallarmé que quizá oriente al lector: “ce seul objet dont le Néant s’honore”. Para mí, ese objeto es el lenguaje, la palabra, horror del silencio significante. Mi idea: el poema no es una máquina de significaciones, como yo creía, sino una máquina de significar. El lector es el operador, el encargado de obtener las significaciones...

La mención de Mallarmé es significativa. Según Paz, si bien Un Coup de dés... no es una figura del universo “sino la posibilidad de llegar a serlo” (p. 75), sí es un acto crítico que abre un espacio en blanco para la nueva poesía. Este blanco ya no será un lugar donde el signo “busca su significado” (p. 77), sino el espacio que albergará una nueva figura universal.

La figura elegida por Paz en Blanco es la de un mandala, tal vez porque, como occidentales, “El budismo es la malla que falta en la cadena de nuestra historia” (Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo). Hay que subrayar: el orientalismo de Paz es la libre elección no de un particularismo (budismo) sino de un universalismo.

Hablemos ahora del corazón del libro: Los signos en rotación. Para empezar, el autor critica en su largo ensayo “el triunfo del signo sobre el significado en las artes”; el giro “de ningún lado a ninguna parte” de las sociedades (pp. 43-44). Para Paz, el mercado moderno y la política no son verdaderas fuentes de significado. Tampoco la poesía que se escribe en aquellos años: circular y centrada en ella misma, en su particularidad, porque no tiene ella misma nada universal que representar, salvo su propia e insignificante figura en el espejo del lenguaje. Es gramática pura (para usar una expresión de Peirce), “poema del poema” (Paz). Por el contrario, la nueva poesía debe ser totalidad abierta y significativa (no “destrucción sino búsqueda del sentido”): puente siempre abierto hacia los otros y hacia nosotros mismos. A fin de cuentas, la nueva poesía es “conciencia de la separación y tentativa por reunir lo que fue separado” (p. 94). [1]

Así, para el poeta, la búsqueda de significado es universal. Si los conceptos son “pasiones del alma” (como creía Santo Tomás), Octavio Paz fue siempre un apasionado del significado poético. Por medio de la imaginación, como su admirado Baudelaire, buscó siempre ver la cara oculta, universal y significante de la realidad. Su nueva poética es una abolición del azar (porque no existe azar donde todo tiene significación). Tal vez el uso del I Ching y la lectura de André Breton (y de Jung, si es que Paz abrevó también de esta fuente a través de los surrealistas de la segunda generacón [2] ) lo preparó para ver las coincidencias significativas en su obra y en su vida.

El 28 de junio de 1964, no mucho tiempo antes de la publicación de Los signos en rotación, Octavio Paz le escribió una misiva a Tomás Segovia:

¿Tenemos otros sentidos, nos comunicamos de una manera que ni siquiera sospecha nuestra razón? Tal vez cada hombre es un centro sensible que emite y recibe ondas que no sé si llamar afectivas o espirituales. En todo caso, las llamadas “coincidencias” (yo preferiría decir: signos) son una prueba de la existencia de las afinidades electivas. (Por que no me cabe duda de que en esto también interviene la “elección”). Te digo todo esto porque en los dos últimos meses el “azar objetivo” se me ha revelado como la forma suprema –casi la única que de verdad valga la pena– de la comunicación.

A partir de Los signos en rotación, Octavio Paz siempre sabrá elegir: contra la confusión del garabato, la semilla del significado. Sin duda, su obra posterior inaugura (no como búsqueda, sino como realización) una nueva poesía en español.¬







[1] Dice Guillermo Sheridan (Tráquea traquetea: la poesía y la furia. UNAM/Academia Mexicana de la Lengua. México, 2016, p. 25): Lejos de la poesía de moda, futurista, perdida en “un rigor externo, puramente verbal o geométrico, o el pobre balbuceo del inconsciente” (“Poesía de soledad y poesía de comunión”, p. 32), la novedad que busca Paz es, en realidad, “una vuelta a la autenticidad”. Vuelta donde “el hombre regresa a sí mismo, y ese regreso es una recuperación de la unidad original” (Octavio Paz. Cuarenta años de escribir poesía. Conferencias en El Colegio Nacional. CONACULTA/DGE Equilibrista/El Colegio Nacional. México, 2014, págs. 112 y 153).
[2] “Aunque la influencia de Jung se manifestará más intensamente en la segunda generación surrealista (Oppenheim, Varo, Ernst, Carrington, etc.), encontramos ya cómo los primeros intereses del surrealismo vienen a converger en la psicología analítica junguiana. Tal es el caso de la sincronicidad y el azar objetivo de Breton.” (Tania Alba, “Los mitos de Unica Zürn a la luz de los arquetipos y otros principios jungianos”, en Las vanguardias a la luz del esoterismo y la espiritualidad. Lourdes Cirlot y Laia Manonelles (coords.). Universitat de Barcelona. España, 2014, pág. 108).



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