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19-07-2016 | ENTRADA #14
Un exótico en el jardín de Cambridge/Octavio Paz en la isla de las presencias
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Octavio Paz, Enrique Krauze, Christopher Domínguez Michael, Diego Gómez Pickering, Homero Aridjis, Pedro Serrano, Elena Poniatowska, Alejandro González Ormerod, Anthony Stanton, Anthony Rudolf, Michael Wood, Michael Smidt, Jason Wilson, Simón Bolívar, George Steiner, Charles Tomlinson, Richard Dadd, Hanuman, Wordsworth, Ramón Xirau, Joseph A. Feustle, Guillermo Sheridan


ILUSTRACIÓN | Fuente: Fondo de Cultura Económica.


Los autores: Enrique Krauze, Christopher Domínguez Michael, Diego Gómez Pickering, Homero Aridjis, Pedro Serrano, Elena Poniatowska, Alejandro González Ormerod, Anthony Stanton, Anthony Rudolf, Michael Wood, Michael Smidt y Jason Wilson.

Octavio Paz y el Reino Unido es fruto de un seminario organizado en la British Library en 2015. El libro es una antología de ensayos y testimonios presentados entonces por un grupo de autores familiarizados con el tránsito de Octavio Paz por el Reino Unido, una de las paradas clave durante su autoexilio (verdadero viaje hacia la libertad y la reconciliación consigo mismo).

El libro sigue, desde la perspectiva de un relato plural, cierto hilo: luego de abandonar la embajada de México en la India como una reacción moral contra la masacre de Tlatelolco, Octavio Paz saldrá de la gran caldera de Medio Oriente para viajar por Francia y España. Saltará luego el mar para peregrinar por algunas universidades norteamericanas (Pittsburgh, Texas). Finalmente, se establecerá en el Reino Unido hacia principios de 1970. Todo el año lo pasará en Inglaterra, donde el Churchill College de Cambridge lo ha invitado a impartir la cátedra Simón Bolívar.

El eje central de su estadía no conlleva ningún deber académico demasiado exigente (carta de George Steiner, 1968, 12 de noviembre). Gracias a esta libertad, Cambridge se convierte para Paz en un verdadero refugio “físico, cultural e intelectual” que le facilita (p. 35):

[...] mirar hacia adelante, reflexionar con detenimiento sobre lo ocurrido desde el 2 de octubre de 1968, pero más que nada, mirarse y reinventarse a sí mismo en su nueva calidad de intelectual plenamente independiente. [...] La receta muy británica de privacidad, rutina y continuidad era justo lo que le hacía falta para cultivar su propia variante de excentricidad crítica.

Así, el poeta dedica buena parte de su tiempo a leer, escribir y meditar. Leer era para Octavio Paz (p. 131):

[...] un ejercicio mental y moral de concentración que nos lleva a internarnos en mundos desconocidos que poco a poco se revelan como una patria más antigua y verdadera: de allá venimos. Leer es descubrir insospechados caminos hacia nosotros mismos.

Otra parte de su tiempo lo reserva “para aprender de los jóvenes así como para enseñar. [Octavio Paz] Tenía una curiosidad voraz” (p. 85).

La amistad axial de este periodo es Charles Tomlinson (poeta-traductor); la obra de arte principal: The Fairy Feller’s Master-Stroke de Richard Dadd.

En aquellos meses de calma, Octavio Paz escribe una “antinovela” donde “el pensamiento se repliega y se queda quieto por un largo instante”. La escritura de El mono gramático lo hace peregrinar mentalmente de regreso a Galta, al devastado santuario del dios Hanuman. La vuelta memoriosa abre un sendero que permite un regreso al ahora (“un ahora que es el comienzo de todas las cosas”, “núcleo del nunca y del siempre”, pp. 122, 124). La escritura asemeja una ceremonia: es rito de paso y procesión. Ardua y sencilla invocación de otros lugares que “avanzan, retroceden, se inmovilizan, desaparecen aquí, reaparecen allá”. Ir y venir de frases que “se encienden y apagan” sin cesar. Dice Octavio Paz en El mono gramático:

La sabiduría no está en la fijeza ni en el cambio, sino en la dialéctica entre ellos. Constante ir y venir: la sabiduría está en lo instantáneo.

Para Michael Wood (p. 62), esta visión de Paz comienza con la lectura de Wordsworth (quien definía algunas situaciones temporales como “a spot of time”); para Richard Berengarten la visión había comenzado antes: en Corriente Alterna (de 1967) el poeta ya sostenía que “La poesía es nuestro único recurso contra el tiempo rectilíneo” (p. 99).

En todo caso, Octavio Paz combate al tiempo que se erosiona, pero sabe que el tiempo otro (arquetípico) es el lugar donde los hombres se pierden y se rescatan a sí mismos. Hay que recordar lo escrito por Ramón Xirau (Poesía y conocimiento, Joaquín Mortiz, México, 1978, p. 99):

[Octavio Paz cree que] La poesía nos permite erguirnos contra el tiempo lineal que nos atosiga. El poema conduce a negar el progreso y a volvernos hacia nosotros y hacia los otros; nos lo permite porque en el fondo la poesía es amorosa y sagrada.

La poesía de Paz es un salto mortal de regreso a la “presencia amada” (Xirau, p. 93). Por eso en El mono gramático la escritura es una vuelta al instante, tiempo sin amarras: lugar donde “cesa la oposición entre la visión interior y la exterior, entre lo que vemos y lo que imaginamos”.

Octavio Paz lo subraya en Las peras del olmo (edición de 1971, citada por Joseph A. Feustle en Poesía y mística, Universidad Veracruzana, México, 1978, p. 48):

Poesía y amor son actos semejantes. La experiencia poética y la amorosa nos abren las puertas de un instante eléctrico. Allí el tiempo no es sucesión, ayer, hoy y mañana dejan de tener significado: sólo hay un siempre que es también un aquí y un ahora. Caen los muros de la prisión mental, espacio y tiempo se abrazan, se entretejen y despliegan a nuestros pies una alfombra viviente, una vegetación que nos cubre con sus mil manos de hierba, que nos desnuda con sus mil ojos de agua.

El poeta abandonaría Cambridge hacia finales de 1970. Luego de su partida, algunos amigos británicos celebrarían su paso por el país insular con el libro colectivo de poemas An Octave for Octavio Paz (Sceptre Press/Medard Press, 1972).

Mucho tiempo después, Tomlinson le escribiría en versos a su amigo mexicano (carta citada por Guillermo Sheridan en Habitación con retratos: Ensayos sobre la vida de Octavio Paz, ERA/Conaculta, México, p. 154):

Si te hubieras quedado
hace veinte años [...] [habrías sido]
un exótico en el jardín de Cambridge.

Al menos por un año, Paz fue un árbol exótico en un sobrio jardín británico. Allí el poeta cultivó “el arte de la inmovilidad en la agitación del torbellino”, o mejor dicho: el arte de hacer del cambio una constante, un punto fijo.

Del paso de Paz por Cambridge surgiría otro Paz menos revolucionario: más “moderado, reformista, siempre crítico” (p. 40). El poeta sería un árbol bien plantado más cambiante. Tal vez el aprendizaje de aquel año se podría condensar en tres versos de Hijos del aire (poema escrito con Tomlinson y editado en 1979):

La memoria es teatro del espíritu
pero afuera ya hay sol: resurrecciones.
En mí me planto, habito mi presente.

Durante su estancia en el Reino Unido, Octavio Paz se plantó en el punto luminoso donde todos los tiempos fluyen y se reencuentran: el punto/instante donde el presente se vuelve la isla y la fuente de todas las presencias.¬

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