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22-10-2013 | ENTRADA #13
Por un ombudsman cultural
Etiquetas:

Bartolomé de las Casas, Ponciano Arriaga, Francisco González de Cossio, Gabriel Zaid, San Luis Potosí, Colima, Ombudsman


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ILUSTRACIÓN | Fuente: ITE. | Esta ilustración está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported

Un ombudsman es un protector de los derechos e intereses legítimos de las personas contra los abusos del poder.

Así, contra los excesos, las arbitrariedades y los maltratos de las autoridades, existen las figuras concretas del ombudsman médico, militar, policial, universitario, ecológico, del consumidor, del lector, de los derechos humanos, del patrimonio arqueológico, entre otros.

Históricamente, la figura de ombudsman no es reciente en nuestro país. Hubo algo semejante con fray Bartolomé de las Casas (1484-1566), “procurador y protector universal de todos los indios”.

Hacia 1847, Ponciano Arriaga (1811-1865) instauró en el estado de San Luis Potosí la institución del Procurador de pobres, “destinado a vigilar el desarrollo de la administración de justicia y de la administración en general, teniendo entre sus obligaciones principales la defensa y patrocinio de los pobres” (Anuario jurídico 1/1974, Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM. México, 1979, pág. 518).

El municipio de Colima tuvo en 1983 un Procurador de vecinos para “recibir e investigar las reclamaciones y propuestas del pueblo frente a las autoridades administrativas municipales” (Sonia Venegas Álvares, Origen y devenir del ombudsman ¿una institución encomiable?, UNAM, México, 1988, p. 112).

En 2011 se estableció la figura de ombudsman fiscal para defender a los contibuyentes de los atropellos terroristas de Hacienda ("Ombudsman, listo para velar por causantes", El economista, 2 VIII 2011).

Gabriel Zaid ha propuesto recientemente la creación de un ombudsman eclesiástico para la defensoría de los creyentes ("Por un ombudsman eclesiástico", Reforma, 26 V 2013).

Lo siguiente es crear (a nivel nacional, estatal, municipal, institucional) la figura específica del ombudsman cultural.

El ombudsman cultural puede ser un intelectual independiente (que pueda decir aristotélicamente: “Soy amigo de fulano, pero más amigo de la verdad”) o un organismo autónomo (integrado por conocedores libres, críticos y de renombre). Esencialmente, le correspondería promover y proteger los derechos e intereses culturales de la sociedad.

Por eso, el ombudsman de la cultura debe tener valor civil para señalar públicamente (de oficio o a petición de los afectados) los casos de mala administración cultural. También debe proponer soluciones tomando en cuenta criterios prácticos.

La aplicación de la figura es obvia: la mala administración cultural no difiere de la mala administración a secas. Como señala Francisco González de Cossio (“Un ombudsman”, revista Nexos, 01 II 2001):

En términos generales, se entiende por "mala administración" [...], por ejemplo, irregularidades u omisiones administrativas, abusos de autoridad, negligencias, procedimientos ilícitos, agravios, ausencia de instancia para que el agraviado exponga su punto de vista, casos de incompetencia, discriminaciones, demoras injustificadas, falta de información o negativa a proporcionar información.

Los autoelogios, las desmesuras, las arbitrariedades y las ineptitudes minúsculas o mayúsculas de las autoridades culturales (en las bibliotecas públicas, museos, teatros, archivos, premios y demás instituciones de la cultura) son lamentables.

Con toda razón, resulta indeseable dejar las instituciones culturales en manos de burocracias ignorantes, conformistas y fuera de control. Lo más prudente (y afín a una buena administración) es fiscalizar externa y públicamente a la burocracia cultural, que tiene fama de abusiva.

Ante cualquier agravio es fácil caer en los abismos de la impotencia. Pero no hay que resignarse a los abusos del poder (militar, policial, estatal, eclesiástico, empresarial, universitario, sindical, cultural). El ombudsman, en cualquiera de sus formas, es una institución concreta y práctica para combatir a las autoridades abusivas.

En el México actual, donde abundan tanto los casos de mala administración cultural, abundan las oportunidades para un ombudsman de la cultura.¬

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Román Alonso.


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