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Revista Anagnórisis | Pensar nuestro tiempo | La enigmática eau shandy

CARTA DESDE FRANCIA

Karla Olvera




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PENSAR NUESTRO TIEMPO | ANAGNÓRISIS #5
La enigmática eau shandy
Etiquetas:

Deyrolle, Enrique Vila-Matas, Sylvie Durbec, André Gabastou, Robert Walser, Chanel, Serge Lutens, Frédéric Malle


FOTOGRAFÍA | Karla Olvera



Camino por la rue de l’Université, apresuro el paso, corro, llevo mi gabardina montrealense que tanto me gusta, pero que tanto odio porque tiene una red como forro que al menor esfuerzo me hace sudar: demasiado caliente para el verano y la primavera; demasiado fría para el otoño y el invierno. Son las 18h42 y quiero pasar antes a Deyrolle (46 rue de Bac), que cierra a las 19h00, lo cual está perfecto, pues la charla de Enrique Vila-Matas es a esa hora a dos cuadras de ahí, sobre el boulevard Saint-Germain.

18h45, ya en Deyrolle. Subo al segundo piso y le pido a un vendedor con pinta de bibliotecario el póster que quiero. Lo encuentra rápido y lo saca con delicadeza de su empaque. Nos movemos a la sala de entomología para que lo envuelva, Miro el reloj: 18h55. Ya he pagado, pero se demora mucho en envolverlo.

Siento que debo hacer un gesto para mostrarle mi prisa, pero recuerdo que los eventos literarios rara vez comienzan puntualmente. Al final le doy la vuelta al gran oso y me despido de los leones y los zorros; de todas las criaturas de Deyrolle, así como del vendedor y de la dueña en el piso de abajo (¡una entrada entera merecerían los vendedores que trabajan ahí, así como un libro entero ese lugar!).

18h59. Llego corriendo a la Maison de l’Amérique Latine. No la recordaba casi. Había ido una sola vez hace muchos años, con Sylvie Durbec, a ver una exposición sobre Cortázar. El edificio está conformado por dos hôtels particuliers fusionados, un lugar magnífico, pero ni tiempo tengo de reconocerlo. Cruzo un par de grandes pasillos, subo unas escaleras y llego al pequeño auditorio, que está medio vacío. Nadie revisa mis cosas, lo cual me sorprende, pues el registro es obligatorio en lugares públicos como este, de acuerdo con el estado de emergencia decretado por el presidente.

Busco las mejores coordenadas disponibles y me siento en una butaca pegada al pasillo, como a la mitad de la sala.

La charla empieza relativamente temprano, tal vez 19h15. Es con motivo del premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara que el autor recibió el otoño pasado. Está el entrañable André Gabastou, infaltable en todas las presentaciones parisinas de Vila-Matas, y una representante mexicana de dicho premio.

Se improvisa una intérprete de último momento porque hay seis personas en la sala que no hablan español. Para todo hay una primera vez. Ya te he hablado antes de lo difícil que es traducir en vivo a Vila-Matas porque la mayoría del tiempo habla entre líneas y hay que conocer sus referentes.

Escuché la plática con atención y sería falso si dijera que no conocía mucho de lo ahí citado. Fue como ir a ver la versión restaurada de una película que has visto muchas veces, aunque cada vez te fijas en detalles diferentes. Esta vez me llamó la atención un comentario respecto a las ganas de ser escritor, bueno, no tanto eso, sino más bien a las ganas de no serlo. Me explico: Enrique Vila-Matas evocó que a sus 17 años quería ser escritor porque admiraba la imagen, digamos, de malditos e inaccesibles que se tenía entonces de los escritores y que después, sólo después de eso, contempló escribir para ser escritor también. Dijo que de ser un joven de 17 en estos días seguramente ser escritor sería lo último que le pasaría por la cabeza, sobre todo al ver a los escritores de ahora dar tantas entrevistas en la televisión. Todo el enigma, la eventual clase o la presunta inteligencia de los escritores se desbaratan entre más hablan, salvo muy contadas excepciones.

Casi como contrapeso necesario habló después de Robert Walser, de cómo era un gran escritor, muy importante, pese a no querer serlo. De cómo fue difícil hablar en España de una figura como él, de su modestia y su discreción, tan a contracorriente en una cultura que valora el éxito.

También nos dijo que su próximo libro aparecerá en febrero de 2017 y será de un género nuevo, en la medida en que se trata de un “libro póstumo inacabado deliberadamente”. Intuyo que el arte contemporáneo estará presente como en sus dos últimos libros.

Nunca me había detenido a pensar en el perfume de Vila-Matas. Creo que nunca antes lo había notado. Esta vez, después de charlar unos momentos con él y despedirme, mi mano quedó impregnada con su perfume. Notas orientales y cítricas. Fresco, pero no uniforme, un aroma relativamente complejo. Lo primero que pensé fue Prada homme, pero en cuanto volví a casa fui a buscar una prueba que había visto en el cuarto de baño y comprobé que no era ése. Al momento de escribir estas líneas, el aroma casi ha desaparecido, pero el breve rastro que queda (o su recuerdo infraleve) es algo muy similar a Allure de Chanel. Aunque, a decir verdad, hubiera imaginado más la eau shandy en cuestión como algo de Serge Lutens o Frédéric Malle.¬

(23 de septiembre del 2016)



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Karla Olvera.