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Revista Anagnórisis | Cuento | Una biografía para el futuro

CUENTO

ROMÁN ALONSO




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CUENTO | ANAGNÓRISIS #4
Una biografía para el futuro
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Biografía, Octavio Paz, Christopher Domínguez Michael, T. S. Eliot, Shakespeare, G. Wilson Knight, Claude Roy, Luis Villoro, Enrique Krauze, Roger Caillois, Víctor Serge, Jean Malaquias, César Moro, Benjamin Péret, David Rousset, Victoria Ocampo, Daniel Bell, Michael Ignatieff, Leszek Kolakowsky, Yeats, Pound, Elena Poniatowska, Gabriel Zaid, Alejandro Rossi, Aurelio Asiain, Héctor Tajonar, J. C. Lambert.



• Christopher Domínguez Michael.
Octavio Paz en su siglo
Editorial Aguilar.
México, 2014.
653 pp.
Para ensamblar la biografía de Octavio Paz (1914-1998), el crítico Christopher Domínguez Michael (ciudad de México, 1962) recurre de forma exhaustiva a multitud de fuentes: epistolarios, archivos, entrevistas, revistas, libros y demás testimonios ya publicados o inéditos sobre el poeta.

Hasta el momento, Octavio Paz en su siglo es la biografía más completa del poeta impresa en cualquier idioma. Por su extensión, difiere bastante de otros trabajos publicados previamente. Libro robusto (en parte, gracias a que se sirve de otras obras para construirse un cuerpo), Octavio Paz en su siglo incluye de forma pertinente algunos referenciales útiles: índice onomástico y de fotografías, bibliografía y cronología. Una de las fuentes de más llaman la atención es el propio diario inédito de Domínguez Michael, que se cita de forma intermitente a lo largo de la obra (diario que abarca, según el apéndice bibliográfico, de 1981 a 2009). Con todo, el libro merece una nueva edición: más abreviada y sin erratas.

Más que una mera narración documental de los hechos, Domínguez Michael nos ofrece una apasionada interpretación de la vida y obra de Octavio Paz con la que no siempre se puede concordar. Es lo normal: según T. S. Eliot, “en cada esfuerzo de interpretación debe haber alguna parte que puede aceptarse y también, necesariamente, alguna otra parte que otros lectores pueden rechazar” (prólogo a Shakespeare y sus tragedias. La rueda de fuego de G. Wilson Knight).

De entrada, el libro señala el itinerario vital del escritor: los momentos de soledad y de comunión. Como todos los hombres, Octavio Paz ganó y perdió en la “economía cósmica, patente en la rueda de las desdichas y las dichas”.

En esta biografía, Paz aparece en su faceta íntima y pública, humilde y aguerrida, el poeta es la encarnación del Sí y (quizás más importante:) del No. Octavio Paz fue un hombre con “apetito perpetuo de ser otro” (p. 90). Buscó salir de sí para encontrarse con “los otros todos que nosotros somos”.

El poeta vivió (y a veces padeció) estancias significativas en Estados Unidos, España, Francia, India, Japón. El más importante viaje fue interior: hacia dentro de sí mismo.

Hombre siempre atento a las transformaciones de su siglo, no es poca cosa decir, como Claude Roy (“Les Soleils d’Octavio Paz”), que

[Octavio Paz] no faltó a ninguna de las citas de la historia contemporánea, de la guerra de España a la lucha por desenmascarar al estalinismo, de su aguda crítica de la sociedad mexicana a su categórica renuncia al puesto de embajador en Nueva Delhi, después de la masacre de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de México en 1968.

Lo anterior, apunta el biógrafo, no significa que Paz fuese omnisciente ni perfecto (aunque a veces quisiéramos exigirle perfección a quienes amamos, según dijo Luis Villoro). En realidad, como tantos de sus contemporáneos, el poeta fue arrastrado por el viento de su siglo. Era el “viento del pensamiento, el viento verbal” del comunismo (Enrique Krauze, “Y el mantel olía a pólvora”). La salida de Paz de la intrincada prisión de conceptos marxistas-leninistas no fue rápida, pero sí definitiva. Gradualmente, gracias a su contacto con intelectuales disidentes de la ortodoxía marxista como Roger Caillois, Víctor Serge, Jean Malaquias, César Moro, Benjamin Péret y David Rousset, Paz se atrevió a ver de frente al sol de la muerte que brillaba sobre los campos comunistas. Hacia 1951 realizó la denuncia de los campos de concentración soviéticos desde la revista Sur de Victoria Ocampo, porque había que abrir los ojos para ver la pesadilla de la historia.

Después de la caída del muro de Berlín en 1989, se reunió personalmente con algunos intelectuales en México, en el legendario encuentro internacional organizado por la revista Vuelta: “La experiencia de la Libertad” (1990). Desmembrado el monstruo autoritario, había que discutir y tratar de vislumbrar nuevos horizontes para los pueblos. Personajes como Daniel Bell, Michael Ignatieff y Leszek Kolakowsky, entre muchos otros, no faltaron a la nueva cita de la historia propuesta por Octavio Paz y Enrique Krauze en la ciudad de México.

Con los años el poeta se transformaría en crítico de las pasiones ciegas y violentas que desgarraban a su siglo. Políticamente, Paz se volvería un “heterodoxo perseverante”. Por eso, dice Domínguez Michael, “no es fácil describir o etiquetar el pensamiento de Paz no porque sea hermético, sino porque es obra de un poeta pensador y no de postulante de un sistema cerrado de creencias políticas o religiosas. Igual ocurre con Eliot, Yeats o Pound” (p. 548).

En efecto, Paz se negaría a realizar una lectura ortodoxa de cualquier corriente de pensamiento (socialismo, surrealismo, liberalismo, por ejemplo). La crítica y la autocrítica eran dos formas de reflexión (dos encarnaciones de la duda) a las que prefería no renunciar.

Ahora bien, si Elena Poniatowska escribió Octavio Paz. Las palabras del árbol, como si sostuviese un diálogo silencioso con Paz: réplica, respuesta, coincidencia, divergencia, homenaje, todo junto (“André Bretón o la búsqueda del comienzo”), Domínguez estructuró Octavio Paz en su siglo como una biografía crítica que, en su apartado final y tal vez más significativo, realiza una pequeña e inmensa crónica de los grandes días del poeta en la revista Vuelta (1976-1998).

Así, observando detrás de los anteojos críticos y privilegiados de Domínguez Michael (lentes por lo demás transparentes, honestos e irónicos), dimensionamos la manera en que Paz ejerció su jefatura intelectual. Lo que no es poca cosa: en esos años era obvio que el centro vital de la cultura mexicana no estaba en las instituciones gubernamentales (que supuestamente administraban la cultura), sino en Octavio Paz y en su revista (p. 486).

Según Domínguez, en el primer círculo de la revista Vuelta se encontraban personajes como Gabriel Zaid y Alejandro Rossi, Enrique Krauze y Aurelio Asiain. Como sus amigos y consejeros, Zaid y Rossi “orientaron [a Paz] en el mundo político e intelectual de los años setenta, profundizando su proceso de desaprendizaje del marxismo”, mientras que Krauze “modificó y enriqueció la visión que Paz tenía de la historia de México”. Como secretario de redacción de Vuelta, Aurelio era el puente de Paz con el mundo literario, mexicano y extranjero (pp. 527-528).

En Vuelta, Octavio Paz encontraría un solar de amistad y una trinchera ideal para ejercer su jefatura moral; para discutir con los otros y con él mismo; para dialogar con el tiempo y con la historia; para criticar el mercado del arte y del cuerpo; las zalemas a los príncipes y el ninguneo; la petrificación del espíritu de México.

Compañero de viaje de varios de los mejores escritores de su siglo, el hombre que fundó una casa para el pensamiento crítico, que buscó y encontró un lugar en el mundo para él y para sus ideas; el líder intelectual que (para decirlo como Gabriel Zaid) cambió el rumbo de la conversación en Occidente, tanto que su voz llegó a pesar en la cultura universal, falleció el 19 de abril de 1998.

En sus horas mejores, la vida de Paz fue un triángulo incandescente donde se conjugaron la libertad, el amor y la poesía (“Una entrevista con Octavio Paz”, en Una patria sin pasaporte. Octavio Paz y Francia, p. 74). La biografía crítica de Christopher Domínguez Michael sirve para entrever que la vida de Paz fue una maduración de aprendizajes. El árbol cambió lentamente su follaje de pensamientos, dio nuevas flores y nuevos frutos. A veces la maduración fue lenta, pero el cambio fue siempre de raíz.

Lector preocupado de los años por venir, Octavio Paz deletreó también nuestro siglo. En eso fue un visionario, un profeta de la libertad. O mejor dicho: más que un profeta, fue un escritor que supo descender al fondo del hombre, volver al principio: al momento sin edad.

Al final, como dijo alguna vez Héctor Tajonar, el poeta fue “un hombre de su tiempo, un hombre de su siglo”. Quizás deberíamos recordar lo que Paz le escribió a un amigo (Jardines errantes. Cartas a J. C. Lambert 1952-1992, p. 20):

Mi biografía (?) es bastante estúpida, como la de la mayoría de los hombres. [...] Y la otra, la parte maravillosa, también como la de la mayoría de los hombres, no se puede contar. [...]

Y, sin embargo, Domínguez Michael ha logrado relatar varias facetas maravillosas de Octavio Paz en una biografía escrita, me parece, para los jóvenes que poco saben de lo ocurrido en la pasada centuria. Es decir: se trata de una biografía escrita para el futuro.

Octavio Paz en su siglo será un libro esencial, un punto de partida indispensable, para muchos nuevos lectores y estudiosos de Octavio Paz en el siglo XXI.¬



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AUTOR

CRÍTICA LITERARIA


Román Alonso.


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