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Revista Anagnórisis | Literatura mínima | Emmanuel Carballo: notas sobre un francotirador

UNA RELECTURA DE LA TRADICIÓN

José Antonio Zambrano




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UNA RELECTURA DE LA TRADICIÓN | ANAGNÓRISIS #3
Emmanuel Carballo: notas sobre un francotirador
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ILUSTRACIÓN | Fotografía cortesía del archivo fotográfico de José Antonio Zambrano / INBA

En el año de 1980 participé en un taller de narrativa coordinado por el escritor Orlando Ortiz. En una de las sesiones, nos solicitó algunos datos curriculares relacionados con cuestiones literarias. Con alguna excepción, la mayoría de los integrantes de ese taller éramos inéditos. Orlando Ortiz comentó que esa información era para enviarla a Emmanuel Carballo, quien colaboraba en la nueva edición de la Enciclopedia de México. Nos comentó también que había manifestado su duda porque, le manifestó a Carballo, los talleristas éramos jóvenes y desconocidos. Carballo le contestó: “No importa, entre ellos puede estar alguna figura de la literatura mexicana del futuro”.

Quise anotar esa anécdota para ilustrar la visión generosa que mantuvo siempre Emmanuel Carballo (1929-2014), postura que guardaba equilibrio con el rigor y la exigencia de su labor crítica. Es sabido que Carballo solía repetir a manera de presentación: “Soy una figura molesta pero necesaria”. Viendo eso con objetividad, vemos que la figura de Carballo fue más lo segundo que lo primero. Indudablemente, cualquier escritor que ejerza la crítica, se agenciará enemistades, pero si colocamos en una balanza los rechazos y las valoraciones útiles para justipreciar su obra, el balance es altamente favorable para Carballo.

Errare Humanum est. La amplia producción crítica de Carballo a veces lo hizo incurrir en desaciertos, como cuando se publicó una declaración de él en la revista Proceso donde afirmó que Elena Poniatowska no era una escritora o cuando señaló que Pedro Páramo era una novela sobrevalorada. Tales expresiones pueden considerarse más exabruptos que juicios serenos.

Protagonistas de la literatura mexicana (1965) es la obra emblemática de este autor jalisciense, sin menospreciar el resto de sus libros y la constante tinta que dejó en publicaciones periódicas, así como en la Revista Mexicana de Literatura que dirigió junto con Carlos Fuentes. Destaco Protagonistas… porque esa obra representa la conexión con escritores de la primera parte del siglo XX, gracias a esa labor de Carballo donde se funde la entrevista con la semblanza y el ensayo, para entregarnos retratos de cuerpo entero, en persona y en obra, de autores fundamentales como José Vasconcelos, Martín Luis Guzmán, José Gorostiza y Alfonso Reyes.

Emmanuel Carballo representó una figura incómoda que solía caer en la controversia o que despertaba animadversiónes, pero por encima de eso se trataba de un personaje honesto y generoso, con un amplio conocimiento para valorar textos y que nunca clausuró la puerta para los autores con verdadera vocación. La generosidad de Carballo se reflejó, por ejemplo, en la editorial Diógenes que dirigió y donde varios jóvenes publicaron sus primeras obras: el mismo Orlando Ortiz y Parménides García Saldaña, por citar sólo dos.

El adiós de Emmanuel Carballo (20 de abril) resulta particularmente doloroso si consideramos la serie de pérdidas de autores en los últimos meses: Juan Gelman (14 de enero), José Emilio Pacheco (26 de enero), Gabriel García Márquez (17 de abril); anteriormente, Carlos Monsiváis (19 de junio del 2010) y Carlos Fuentes (15 de mayo del 2012).

Al desaparecer un crítico de la altura de Carballo surge la tentación de decir que es insustituible, que se cierra una época y que no vemos alguien que lo pueda suplir. Así es, efectivamente. Pero también hay que recordar unos versos de Octavio Paz, autor al que consideró maestro de su generación:

Conmigo no empezó el mundo
no ha de acabar conmigo
                                    Soy
un latido en el río de latidos

Por otro lado, ya el mismo Carballo había reconocido que su etapa finalizó y había que pasarle la estafeta a la generación siguiente: “La literatura es cambio. Es como el agua, como un río; no debe repetirse dos veces”.

Poco antes de morir, José Emilio Pacheco dijo que esperaba que su vida no hubiera sido inútil. Indudablemente no lo fue, como tampoco la de Emmanuel Carballo, quien supo ser un testigo crítico, a veces francotirador protagónico, de ese río de generaciones y obras que es la literatura mexicana.¬



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José Antonio Zambrano.


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