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Revista Anagnórisis | Una relectura de la tradición | Telegrama

UNA RELECTURA DE LA TRADICIÓN

VERÓNICA GERBER BICECCI




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El siguiente ensayo pertenece al libro Mudanza (Auieo ediciones, segunda edición en PDF, México, 2014). Se reproduce en estas páginas con el permiso de la editorial (www.auieo.mx) y de la autora. El libro completo se puede leer aquí.






UNA RELECTURA DE LA TRADICIÓN | ANAGNÓRISIS #3
Telegrama
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ILUSTRACIÓN | Daniel Lezama | Las tres gracias de Zanzibar | Óleo sobre lino | 240 x 320|Colección privada, México.



Si uno se echa de cabeza en un canal, ¿es posible que el cuerpo no salga a flote un día, que no haya niños que encuentren jugando una mano, y pegado a ella un hombre entero? ¿O es que uno puede deshacerse en el aire como una palabra? ¿Cuál es la fuerza capaz de hacernos invisibles? ¿Qué cosa llena el espacio que dejamos vacío, de qué está hecho? ¿Y a dónde van a dar los ojos, el pelo, las orejas?

Ulises Carrión, De Alemania.


La palabra es una entidad soluble. Una sustancia que sufre varios estados. Sólida cuando se escribe sobre una hoja de papel: la tinta cristaliza sus formas, el enunciado sus límites y la puntuación sus intervalos. La conversación, en cambio, es líquida: el diálogo es un manantial que se alimenta de sonido, fluye en tiempo y espacio, de ida y vuelta, desde quién habla hasta el que escucha. La palabra es gaseosa cuando murmura, cuando se di-suelve en expectativas ajenas, cuando se reconstruye de boca en boca, cuando se descompone y cambia de sentido. El rumor y el chisme son gaseosos, volátiles. Como los decibeles necesarios para producir una avalancha, es importante elegir a la persona adecuada para empezar la cadena, el resto, es solo espera y contagio.

Ulises en Ámsterdam a Sylvie en París:

[…]
Ulises
Ni una letra.

Sylvie
¿Así nada más?

Ulises
¿De qué otra forma entonces?

Para 1972 Ulises había terminado su posgrado en Lengua y literatura inglesa en la Universidad de Leeds y decidió establecerse en Ámsterdam. A Sylvie no le sorprendió que Ulises no quisiera volver a México, pero quedó desconcertada cuando éste le dijo que no sólo permanecería en Ámsterdam indefinidamente sino que pensaba dejar de escribir y de leer. Recordó La muerte de Miss O (1966) y De Alemania (1970), libros que Ulises ya había publicado; tantos años procurándose el camino de las letras y ahora simplemente desistía.

Sylvie en París a Alison en Boston:

[…]
Sylvie
Tal vez es sólo un desplante.

Alison
¿Y si no?

Ulises nació en 1941 en un viejo caserón en San Andrés Tuxtla, Veracruz. En esa casa, su madre guardaba todos los recortes de periódico que lo mencionaron. Thomas recordaba una hermosa carpeta de cuero con el suplemento “Estela Cultural” en el que habían publicado “La Prueba”, cuento con el que Ulises ganó el concurso literario de la Federación Estudiantil Veracruzana. Tenía apenas 19 años y su vocación era muy clara. Después de publicar su segundo libro, un largo artículo de un periódico nacional, lo enlistó como parte de la generación joven de escritores que le seguía a Pitol, del Paso, Elizondo y García Ponce. Su abandono era un vuelco inesperado para todos.

Alison en Boston a Thomas en Boston:

[…]
Alison
Eso dijo Sylvie.

Thomas
No puedo hacer nada.

Alison
Habla con Alfred.

Para sus primeros ejercicios no literarios, Ulises seleccionó páginas al azar de algunos libros que habían sido sus lecturas habituales. No deseaba deslindarse de la página escrita sino repensarla. Trazó líneas rectas con un estilógrafo fino de tinta negra entre renglón y renglón, unía las letras de arriba con las de abajo sucesivamente en una especie de orografía resonante de la página (Print & Pen, 1970).

Los alfabetos son limitados, es la disposición de las letras la que produce sentido. Escribir una palabra es maquilar un tejido de grafías ambiguas. Ulises buscaba las ordenaciones subterráneas de lo escrito, sabía que debajo de los textos se dibujan estructuras, así como las había en una conversación, en un chiste, en un guión o en un plano arquitectónico. Para descubrirlas, se concentró en componer una esquematización paródica de la poesía clásica española: un sistema gráfico de versiones y plagios visuales, donde la palabra se de/construye en signo, en puntuación, en pregunta, en caja: rectángulos que rodean estrofas, cuadrados y pirámides sin texto que señalan ordenaciones significativas de los tipos: cada párrafo dibuja una forma distinta, algunos se repiten en figuras geométricas idénticas, formas dentro de otra forma. El poema existe solamente en sus contornos, en su configuración espacial. (Gráficas de poesía, 1970).

Thomas en Boston a Alfred en Leeds:

[…]
Thomas
¿Entiendes?
Alfred
Si, algo.

Thomas
¿Entonces?

Alfred
¿Entonces qué? Entonces nada.

Iba al fondo de los textos porque quería volver de ellos para inventar nuevos mecanismos. Mostrar la urdimbre que conecta al mundo en una sola composición, transformar el aislamiento literario, criticar el oficio que impera y limita el mensaje. Convertir la literatura en un suceso plural desde el principio, desde la creación. Tal vez Alfred fue su mejor y único interlocutor pues, sin ser poeta, entendió la deformación que sufrían sus ideas. A diferencia de los demás, entendió su paulatina distancia de la escritura a pesar de que se internaba en un espacio poco claro, poco visitado.

Querido Octavio,
…Yo no quiero ni puedo imponer un contenido porque no sé qué quieren decir exactamente las palabras (¿y cómo saber si el lector sabe?). No estoy seguro absolutamente de nada. Lo que sí sé de seguro es que las estructuras están allí, de que las entiendo como el lector las entiende, de que se mueven si las toco, y de que, entonces sí, “emiten” […] Eso es todo lo que le pido al lector quien, seguramente, tiene muchas otras cosas que hacer además de y tan respetables como leer. No puedo exigirle que pase horas y días leyendo mi texto, notando de paso qué apropiadamente escojo los adjetivos, o con qué sutileza el incidente de la página 125 está anticipado en la página 8... En la otra literatura el mensaje es falsamente plural. El autor transmite un mensaje, y cada lector recibe un mensaje diferente que es, cada vez y en cada caso, un mensaje. En cambio las estructuras (pero insisto, puestas en claro, en movimiento, y en contacto unas con otras) no transmiten un mensaje sino cualquiera. Muchos. Todos. Y ninguno a la vez. Contienen su propia negación […]
Ulises Carrión
22 de octubre, 1972
Querido Ulises,
…Literario o no todo texto posee una estructura… Sin ellas no hay texto pero el texto no se puede reducir a su estructura. Cada texto es distinto mientras que las estructuras son las mismas: no cambian o cambian poquísimo… Usted convierte lo que llama “estructuras en movimiento” en textos o, más bien, antitextos poéticos. Textos destinados a una empresa única: la destrucción del texto y de la literatura. Usted se propone hacer otra literatura. Todos han querido hacer lo mismo pero usted introduce una variante: su literatura otra no es suya sino de los otros. Reconozco en esta declaración a las sucesivas vanguardias de nuestro tiempo, de Mallarmé para acá: escribir un texto que sea todos los textos o escribir un texto que sea la destrucción de todos los textos. Doble faz de la misma pasión por lo absoluto.
Octavio Paz
3 de abril, 1973

Ni Sylvie, ni Alison, ni Thomas estaban enterados de que Ulises le había enviado a Octavio Paz sus Gráficas, que sostuvieron correspondencia varios meses y que parte de sus nuevas poesías experimentales serían publicadas en Plural (no. 16, enero 1973). Falsa paradoja: por un lado Ulises dejaba la literatura o parecía desertar y, por el otro, estaba a punto de publicar en una importante revista literaria. Necesitaba correr los límites del suceso literario hacia otras disciplinas, pensaba que todas las artes pueden explicarse con un mismo esquema general, desde una misma estructura: el suceso comunicativo. Y eso, desde luego, producía conmoción entre los escritores tradicionales.

Alfred en Leeds a Martha en Berlín:

[…]
Martha
¿Está yendo hacia algún lado?

Alfred
Supongo.

El mismo año en que su círculo de amigos recibió la noticia de su renuncia, comenzó a escribir un manifiesto a la manera de las desaparecidas vanguardias. Ahí definió las claves de su propuesta para la otra literatura. El nuevo arte de hacer libros sería publicado hasta 1980 bajo el título Second Thoughts:

Un libro es una secuencia de espacios y momentos.
Un escritor, a diferencia de la creencia popular, no escribe libros.
Un escritor escribe textos.
El libro puede ser el recipiente accidental de un texto cuya estructura es irrelevante al libro: éstos son los libros de las librerías y bibliotecas.
En el arte viejo, el escritor escribe textos.
En el arte nuevo, el escritor hace libros.
Hacer un libro es actualizar sus secuencias espacio-tiempo ideales mediante la creación de secuencias paralelas de signos, ya sean verbales u otros.
En un libro viejo, todas las páginas son iguales.
En un libro nuevo, las palabras pueden ser diferentes en cada página, pero cada página es como tal idéntica a las que las preceden y a las que la siguen.
El escritor del arte nuevo escribe muy poco, o no escribe.
En el arte viejo todos los libros se leen de la misma manera.
En el arte nuevo, cada libro requiere una lectura diferente.
El libro más bello y perfecto del mundo es un libro en blanco, de la misma manera que el lenguaje más completo es el que se encuentra más allá de todas las palabras que el hombre pueda pronunciar.
[…]

A partir de esta declaración de principios fundó Other books and so, una gran biblioteca de libros de artista, suyos y de otros: series de anaqueles repletos de ejemplares borrados o pintados, poesía sin poemas, mapas mentales, redes, paradojas, paseos. Libros en los que la expresión física del objeto es coherente con el contenido, sea texto o imagen: un juego de configuraciones que se muerden la cola.

De algún modo, Ulises se convirtió en un editor de literatura conceptual. Ésa que a pesar de suceder en palabras, hojas o libros, ya no nos habla del mismo modo. La literatura conceptual es un modelo corto y conciso, una molécula de sentido. Se desarrolla no sólo en el significado y sentido de las palabras sino en la ordenación espacial ligada al campo semántico. Cimiento y estructura: forma y fondo se empalman en idea, en concepto. La idea sucede de otra manera en la totalidad del libro, justo donde el principio y el final se tocan. Donde la palabra se encuentra consigo misma, donde está a punto de evaporarse su sentido. Ulises llevó la tradición del arte conceptual al subsuelo de la escritura, una literatura en la que el título tiene el poder de completar la obra y la metáfora se condensa fuera de la insinuación porque sucede; donde la narración ocurre en la progresión del objeto y no solamente en la de las palabras, en un objeto preciso y cerrado. Tal vez por eso, para él y para tantos más, el vacío y el silencio son una perfección inalcanzable: en un ánimo de síntesis y reducción, de decir lo más con lo menos, cualquiera aspiraría a la hoja en blanco.

Martha en Berlín a Alison en Boston:

[…]
Martha
Hablé con él hace muy poco.

Alison
¿De qué se trata?

Martha
No sé, ¿importa?

Alison
No sé… Sí, supongo

Los libros que confeccionó asumiendo esta nueva literatura son una mezcla de retórica y minimalismo: cuaderno de media carta de papel kraft dividido horizontalmente en dos campos. La parte inferior una serie de rayas paralelas que se insinúan como imagen de las palabras flotando en la parte superior: líneas/lines, alambres/wires, látigos/whips, fideos/noodles, poesía/poetry. Las líneas trazadas son un camino a las palabras y las palabras un camino hacia las líneas (Tras la poesía, 1973); algunas minihistorias concretas: conjugaciones del verbo amar en inglés. I loved, I don’t love, I’ll love en un libro papel bond blanco media carta, tres conjugaciones por página. La historia de cualquiera puede contarse conjugando sucesivamente el verbo amar en presente, pasado y futuro (Love stories –conjugations, 1973); o una larga conversación: a partir de la conjunción &, Alfred, Thomas, Alison y Sylvie se añaden y eliminan en párrafos construidos con sus propios nombres, justo como aparecen y se eliminan los personajes en el guión de una discusión sin contenido, sólo nombres: Sylvie & Alison; Sylvie & Alison & Thomas; Thomas & Alfred; Alfred & Martha. Martha & Alison (Arguments, 1973).

En los años subsecuentes, Ulises siguió haciendo experimentos, se acercó al mundo literario por el patio de atrás. Libros en los que boxeadores pelean a través de la transparencia que producen las páginas de un libro de peyón (Mirror box, 1979), citas absurdas extraídas de cartas personales (Anonoymous quotations, 1979), los bordes verticales de un libro carcomidos (Margins, 1975). Sus últimos libros fueron cada vez más puros y encerrados: letras agrupadas, solitarias en la página: aa ab ac (Exclusive groups, 1971) o construcciones textuales que aluden a la deducción: If A isn’t true/ and if AB is true/ then B’s truth lies in C (Syllogisms, 1971).

En 1977 inventó el Sistema Internacional de Arte Correo Errático, una oficina para enviar y recibir mensajes realizados en cualquier medio y formato. Buscaba fortalecer la comunidad internacional de artistas e incitarlos a diseñar su propio libro inédito retomando una idea de Hans Werner. Envió a cada uno de sus amigos una postal con la leyenda “ART IS:” Recuperó 358 respuestas tanto en imagen como en texto (Definitions of Art, 1977).

Pero el libro y el correo no fueron suficientes. En los fotogramas Ulises encontró las páginas de los que serían sus últimos libros. Un video es una secuencia espacio-temporal, tal como él había propuesto que lo fuera el libro. A partir de 1978 trabajó con soportes todavía más alejados de la palabra escrita, aunque siempre conservó sus destellos de narrativa. Empezó filmando la destrucción de un libro: en uno de los extremos de una mesa, un par de manos arrancan las páginas de una novela y, en el otro, un par de manos desdoblan y desarrugan las hojas desprendidas para rearmar el ejemplar (A Book, 1978).

Alfred en Leeds a Ulises en Ámsterdam:

[…]
Alfred
Efecto dominó.
Bola de nieve.
Fue casi perfecto.

Ulises
Eso creo.

Ulises sabía que Sylvie convertiría una conversación en un acontecimiento: el chisme. Lo que empezó como una noticia, terminó en una preocupación generalizada vía telefónica: que si se estaba volviendo loco, que si les estaba tomando el pelo, que si eran sólo ejercicios para complementar su labor de escritor, que si no requería ningún tipo de talento hacer lo que él hacía, que si estaba desaprovechando todo el tiempo que ya había invertido. Mientras tanto, y sin que los otros lo supieran, Ulises dibujó la red propagada.

El proyecto consistía en lanzar algún chisme con la ayuda de un grupo de amigos llevando un registro tan preciso como fuera posible de la evolución del chisme por la ciudad y, como paso final, dar una conferencia acerca de todo el proceso. La conferencia debía de tener un carácter formal –para contrarrestar la informalidad con la que el chisme es comúnmente asociado. Decidí tomarme a mí mismo como única materia dispues-ta al chisme, con el fin de evitar malentendidos hasta donde a mis esfuerzos tocaba (Gossip, Scandal & Good Manners, 1981).

Una sola búsqueda. Entender las disciplinas como soportes para las ideas y no como universos de conocimiento diferenciado y distante. Una imagen puede resonar en palabras, lo mismo que las palabras cons-truyen imágenes. Para Ulises, y para muchos de los artistas de los setentas, se trata de elegir el contenedor más adecuado, sea cual sea, para decir mejor eso que se trate de decir. Riesgo que en muchos de los casos resulta fallido.

Se dice que Ulises murió de sida el 2 de octubre de 1989.

La poesía de Ulises Carrión no es poema. Sus escritos son un vértice, una intersección, la pequeña estación a la que uno arriba en medio de un larguísimo viaje para trazar la siguiente ruta. Sus trabajos son un paisaje extendido, un poema que, sin dejar de ser el signo trazado, ya es otra cosa.¬



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Verónica Gerber Bicecci


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