Bienvenido al sitio web de Anagnórisis. Hoy es el  
Revista Anagnórisis | Literatura mínima | Adrián Peña: la fuerza de la materia escultórica

ARTES PLÁSTICAS

•••••••• Escultura




Consultar versión PDF








01-06-2012 | ANAGNÓRISIS #1
Adrián Peña: la fuerza de la materia escultórica
Etiquetas:

Monet, Adrián Peña, Perséfone, Picasso, Worringer, Anthony Caro, Richard Deacon, Jean Rudel, Giorgio Morandi


ILUSTRACIÓN | Fotografía cortesía de Adrían Peña

Todo tiene que ver con la germinación, con la generación de formas. Al menos desde Monet, la pintura moderna ha trabajado por series, rebajando así el valor singular de la obra maestra aislada; lo importante entonces es la búsqueda prolongada, y cada pieza representa sólo un eslabón, una variación dentro de la serie. Estoy hablando de series, pero la palabra sugiere algo demasiado lineal; prefiero llamarlas familias, porque en ellas las variaciones se desarrollan en muchas direcciones a la vez. Cada familia de bloques escultóricos de Adrián Peña comparte una pauta formal y una metáfora. Cada bloque es una matriz de posibilidades, a partir de la cual se engendra una pieza final, que lleva por título Fósil Contemporáneo, cuyos tres módulos están construidos con una coherencia histórica y cultural de nuestras raíces.

Me dice el artista: “La pieza está dividida en dos partes; por un lado se encuentra una concha marina, elemento religioso católico, que simboliza la influencia de los españoles, así como un importante papel en la fundación de Tepeji del Río. Del otro lado, hay un caracol que representa la potencia marina o bien el elemento agua, también muy importante para la comunidad y que simboliza la presencia prehispánica”.

¿Cómo sucede eso? Podemos comenzar por las líneas o trazos que representan una lluvia, una caída, no exactamente vertical, sino oblicua. Cuerpos celestes, influencias astrales que se cruzan en equis, formando equilibrios complejos. El equilibrio que Peña busca no es la simetría, rígida y letal, no es una estabilidad inerte, sino un equilibrio dinámico: “el equilibrio de la balanza”, como él dice.

Así se representa el núcleo, el germen inhumado, envuelto en el mundo subterráneo, en el reino de Perséfone, donde la muerte se transforma en vida. Así lo proclama Adrián Peña en esta escultura materializada en piedra, obra dedicada a investigar sobre aspectos plásticos de lo visible, tan sutiles como las diferencias o matices de sensibilidad visual y táctil que se derivan de contrastar el mate y el brillo, la luz y la sombra. Asimismo, esta obra se interesa en producir efectos de transparencia, y en dotarse de puntos y de dibujos de ritmo cambiante provocados por las líneas mismas de los recortes de la piedra, por la aplicación de los tallados y elementos de sujeción de la pieza. Destaca igualmente la asombrosa capacidad constructiva que tiene el puro espacio –el vacío– cuando es ordenado a sugerir volúmenes. Y al mismo tiempo resulta musical, armonizador, el juego de líneas y de planos que la propia superposición de las tallas de piedra proporciona.

Nunca se me había hecho tan evidente la enorme potencia alusiva, metafórica, de la obra de Peña, que la separa absolutamente del silencio minimalista, pero sí muy figurativa. Su trabajo nos ofrece un insight, una intuición reveladora de procesos latentes en la naturaleza. El artista, como explica Picasso, “imagina en consonancia con las pautas que la naturaleza emplea en su perpetua evolución hacia siempre nuevos órdenes formales y estructurales”. No hay conflicto entre aquellos dos conceptos que Worringer oponía, la abstracción y la empatía, porque las formas geométricas son formas orgánicas, formas vivas, y viceversa.

Su perfil erizado de puntas y astas recuerda a los dibujos de los arquitectos de la deconstrucción. En sus ángulos agudos hay algo muy agresivo, muy violento, pero que en el caso específico de este Fósil Contemporáneo, queda sintetizadas la idea estética del artista.

Adrián Peña se viene adentrando cada vez más claramente en ese territorio particular donde confluyen tantas ideas, intuiciones y sentimientos de artistas como Anthony Caro y Richard Deacon, con quienes él comparte un modo arquitectónico extraordinariamente abierto de concebir el espacio, así como una manera peculiar de practicar la escultura, entendiéndola como un proceso artesano, como una obra de oficio mucho más próximo a la inventiva industrial de la fabricación, que a las maneras de la realización académica.

Con todo ello, Adrián Peña contribuye a diseñar esa suerte de nuevo espacio escultórico espiritual, que –en palabras de Jean Rudel– “trasciende el peso de los materiales y define los volúmenes escultóricos desafiando las leyes de la masa”. Todo ello se logra, en el proceder de Peña, cambiando de material y de procedimiento constructivo; o sea, dejando el hierro y el acero inoxidable por la piedra, y adoptando el sencillo sistema de los bloques –elegante agregado de planchas superpuestas– en lugar de la anterior técnica del ensamblaje y la soldadura. Un arte escultórico de mundos de arte escultórico que revela la diversidad de las cosas engañosamente iguales y las traduce a sensaciones visuales.

La disección esencial de la historia que puebla el mundo, transformadas por Adrián Peña en un despliegue inagotable de mundos de arte autónomos. “Creo que nada puede ser más abstracto, más irreal que lo que vemos realmente”, insistía una y otra vez el pintor italiano Giorgio Morandi. Mucho más que un acierto para un espacio escultórico, o mejor dicho, para un Museo Urbano al aire libre, que será parte de un espacio abierto al asombro de la mirada.¬



COMENTARIOS

COMENTARIOS


AUTOR

CRÍTICA DE ARTE


Miguel Ángel Muñoz.


OTROS TEXTOS DEL NÚMERO


LITERATURA MÍNIMA

ÍNDICE