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Revista Anagnórisis | Literatura mínima | Hacia una literatura geriátrica

LITERATURA MÍNIMA

Antonio Sajús




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Futurología






01-06-2012 | ANAGNÓRISIS #1
Hacia una literatura geriátrica
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ILUSTRACIÓN | Cuadro 1.

En México, según el Consejo Nacional de Población (CONAPO) se viene gestando por lo menos desde el año 2000 un nuevo proceso de transición demográfica que implica una disminución de la población más joven a la par de un incremento en la población de más edad, es decir, “México se transformará paulatinamente en un país con más viejos que niños” (vea el cuadro 1).

Los economistas, los empresarios y los políticos toman muy en cuenta este tipo de indicadores demográficos (o por lo menos se esperaría que lo hicieran). Y se entiende: tales cambios en la estructura poblacional dictan nuevas tendencias en los mercados, abren o cierran oportunidades de negocio, agrandan o achican segmentos del electorado. El mundo literario no debería de ser indiferente a estas modificaciones, porque también le afectan. Lo práctico es, entonces, preveer los siguientes cambios derivados de la futura redistribución demográfica:

a) Un aumento en la participación del segmento de edad de 60 años o más en las actividades culturales de las próximas cuatro décadas (como creadores y consumidores). La participación de los adultos mayores en los talleres de música, literatura y artes plásticas, por citar algunos ejemplos, se hará cada vez más visible. Así como hoy proliferan en cualquier pueblo de provincia los talleres de literatura enfocados a los niños y a los jóvenes –que probablemente se volvieron segmento de mercado importante a partir del periodo 1960-1980, cuando su participación en el porcentaje poblacional fue más alto (hace falta investigar más este asunto)–, es de suponerse que en las próximas décadas y hasta el 2050, cuando menos, comenzarán a proliferar los talleres literarios enfocados a los ancianos (seguramente éstos ya comenzaron a surgir en algún momento de la década pasada sin que se les diera demasiada importancia). En suma: el mercado cultural desplazará poco a poco parte de sus recursos del segmento infantil al segmento de la tercera edad, por ser éste cada vez más numeroso.

b) Surgirá una mayor demanda de bienes y servicios culturales enfocados a satisfacer las necesidades de las personas de la tercera edad. Siendo sensatamente previsores, los escritores, editores, impresores, libreros deberían ir pensando en generar la oferta que logre satisfacer a un mercado que se está abriendo de manera irreversible. Los editores, por ejemplo, podrían ir pensando en incrementar el tamaño de la tipografía en que se imprimen los suplementos, revistas, libros y demás publicaciones culturales. Organizar y ofrecer servicios a domicilio, en las residencias, edificios, vecindarios de los interesados; sobre todo pensados para clientes incapaces o poco dispuestos a realizar grandes recorridos fuera de casa, sería otro cambio razonable.

c) Será necesario realizar modificaciones en la infraestructura cultural para permitir y facilitar el acceso de una mayor cantidad de adultos mayores a las galerías, teatros, centros culturales, en fin, que podrían incluir el cambio de las escaleras fijas por ascensores o escaleras eléctricas, la inclusión de circuitos de rampas como los que existen en los hospitales, etc.

d) Se registrará, paulatinamente, un incremento en el número de decesos: de 546,894 en 2011 a 1,200,005 en 2050 (fuente: página web del CONAPO. Consultado el jueves 23 de febrero de 2012). Lo cual, siendo optimistas, abrirá grandes campos de oportunidad para los escritores más mercenarios, quienes podrán ofrecer sus servicios como redactores –independientes o asalariados de las casas funerarias– de estelas, epitafios, necrologías y elogios fúnebres.

Con fortuna, la comunidad cultural sabrá responder al reto de la transición demográfica y para el 2050, año en el que todos habremos envejecido, la economía nacional tendrá garantizada, con anticipación y en un abasto suficiente, los servicios y bienes culturales, la infraestructura y los elogios fúnebres que tanta falta le harán al país.¬



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Antonio Sajús.


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